Colombia, entre la democracia y la dictadura

Leah Anne Carroll

La investigadora Leah Anne Carroll presentó ante la Corporación para la Defensa y Promoción de los Derechos Humanos Reiniciar la versión en español de su libro Democratización violenta, donde analiza los movimientos sociales en Colombia y la participación electoral de la izquierda, así como la reacción violenta de élites, paramilitares y militares contra ellos en Urabá, el Caguán y Arauca.

Su análisis abarca desde 1982 y hasta el año 2008. Con base en 86 entrevistas hechas en las tres regiones, así como de datos electorales y fuentes de archivo, Carroll reconstruye y compara la historia política de cada región y presenta a Colombia como un claro caso de “democratización violenta”.

Carroll alude en su estudio al hecho de que en las tres regiones analizadas las victorias electorales de la izquierda y de las ideas de los movimientos sociales, campesinos y obreros provocaron una contraofensiva contra ellos. En varios capítulos del libro se aborda la persecución contra los líderes, militantes y simpatizantes de la Unión Patriótica (UP), que hoy se sabe fue un genocidio por motivos políticos, en donde más de 6 mil personas fueron asesinadas.

REINICIAR quiso conocer un poco más sobre su experiencia investigando en regiones fuertemente golpeadas por la violencia sociopolítica y en zonas de conflicto en Colombia, así como de sus motivaciones para realizar este valioso trabajo sobre la resistencia de los movimientos sociales y populares del país.

¿Qué la motivó a realizar esta investigación?

Bueno, yo era activista de Solidaridad con Centroamérica cuando cursaba el pregrado y pasé un año aquí como estudiante de intercambio. Posteriormente, mientras cursaba el doctorado en Estados Unidos, surge la Unión Patriótica (UP) e invitamos a varias personas a hablar en Berkeley y prácticamente me transicioné al activismo de derechos humanos en Colombia.

 Leah Anne Carroll

Luego tenía que escoger un tópico para mi tesis doctoral y estaba considerando dos proyectos, uno sobre los maestros de Fecode y otro sobre la Unión Patriótica. La gente de la UP estaba muy entusiasta y consideraban que les servía  mucho. Entonces sentí que, además de ser una tesis muy interesante, podía servir a un grupo político con el cual simpatizaba mucho y así empecé.

¿Cómo llega al título de democratización violenta?

Para la época se estaba haciendo mucho trabajo sobre la democratización, enfocada especialmente en los países del Cono Sur. Era sobre la consolidación de la democracia y el fenómeno era presentado en una sola línea que, primero, era absoluta, es decir, uno tenía democracia o tenía dictadura, y segundo, después de haber democracia no había ni vestigios de dictadura. Entonces me pareció interesante que en Colombia había características de los dos sistemas simultáneamente y que nadie había descrito esa situación contradictoria. Por eso usé democratización violenta para mostrar que Colombia era un poco anómala en ese sentido.

¿Qué diferencia hay entre sus expectativas iniciales como investigadora y los resultados que finalmente obtuvo?

Yo comencé la investigación en el año 89, es decir, ya había surgido la violencia paramilitar y se veía que ya había pasado el momento más eufórico de la paz, pero yo no imaginaba lo que traían los años 90. No imaginaba que iba a terminar tan mal ni veía que se acercaba un momento donde el Gobierno Nacional no hiciera absolutamente nada para parar este fenómeno.

¿De los testimonios y dentro de la investigación, qué es lo que más la tocó como ser humano? 

Me pongo emocional contestando eso. Muchas cosas, pero en Apartadó, por ejemplo, me impactó que asesinaron a más de cuatro Alcaldes y cada vez que mataban a uno de ellos, alguien más estaba dispuesto a ser el próximo Alcalde. Me conmovió  mucho que la gente tuviera esa fe y esa dedicación hacia una visión de un país con justicia social y paz; estaban dispuestos a sacrificar sus vidas. Además, eran personas realmente muy brillantes y recursivos como activistas y organizadores. Como yo he trabajado como organizadora de movimientos sociales, me quedé con una admiración grandísima hacia sus éxitos.

¿Continuó su investigación en medio de la arremetida paramilitar?

Ya para el 95 los paramilitares se habían tomado Yondó. No sabía qué hacer y eso me desanimó un poco. Aquello coincidió con mis años de profesora; cuatro años muy duros. Sin embargo, me concentré en terminar la investigación, que únicamente abarcaba los años 84 y 92 y en 2011 publiqué el libro en inglés.

Luego me pidieron actualizarlo hasta el 2008 y yo me había desconectado un poco de la lucha. En ese momento estaba convencida de que se había borrado a la UP, porque así se veía desde lejos; parecía que los habían asesinado a todos. Cuando ya me puse a actualizar el libro, vi que no era así, que la gente estaba resistiendo y que habían resurgido todos estos movimientos. Conocí el esfuerzo de REINICIAR de reivindicar a las víctimas. Actualicé el libro y lo publiqué en inglés; la gente insistía mucho en que sacara la traducción, que era un esfuerzo enorme, pero se hizo.

¿Qué otros retos tuvo durante la investigación?

Bueno, mi primer intento de investigación fue ir a Arauquita. Tenía una sola carta de recomendación, que era de alguien devota del partido, pero no les valió para nada a los araucanos. La primera semana nadie me hablaba. Tuve que comenzar de cero y estar ahí un rato para que la gente tuviera confianza en mí e ir investigando sobre cosas más públicas como sacar estadísticas sobre la población o hablar con el registrador.

Poco a poco los activistas comenzaron a acercarse a mí; me invitaron a tomar y a jugar tejo. Una maestra de colegio me invitó a contestar preguntas que sus alumnos tenían sobre la vida de Estados Unidos. Hacían preguntas muy avanzadas, que me desafiaban, y muy atrevidas, de pronto, pero chéveres. Supongo que quedó satisfecha con mis respuestas, porque luego comenzó a presentarme a otra gente y pude ya hacer muchas entrevistas.

¿Cuáles son las conclusiones más fuertes que logra en su investigación?

La conclusión de que cuando hay herramientas democráticas a la disposición de la gente y cuando el Gobierno Nacional toma una actitud más neutral se puede alcanzar la paz con justicia social, es decir, que no es imposible como la gente dice; es posible si las condiciones son correctas.

De otro lado y analizando los peores momentos de la contrarreforma, hubo momentos en Colombia en los que los movimientos estaban ganando el apoyo externo de tal manera que pudieron alcanzar logros importantes y creo que esa es otra contribución que el proceso de paz podría incorporar: el monitoreo internacional. Este libro es importante para conocer las estrategias exitosas que usaron los movimientos sociales y también para ver lo que no funcionó.

¿Cree que hay actualmente garantías de no repetición de hechos como el genocidio político contra la UP?

Creo que esa es la parte que falta y que aún no han terminado completamente de negociar. Creo que es esencial que las partes internacionales se mantengan como participantes y giren su mirada hacia el monitoreo de los acuerdos. Además, las personas están más conscientes de lo malo que puede suceder y eso es una ventaja esta vez. La gente no es tan ingenua hoy, está consciente de lo peligroso y buscando maneras de impedirlo.

De otro lado, en los genocidios que han ocurrido la memoria ha sido fundamental para que no pase otra vez. Creo que la gente que vivió el genocidio de la UP y que eran adultos en los años 80 lo recuerdan, pero a los jóvenes no se les ha enseñado en sus clases de historia ni han hablado mucho de eso; entonces, falta diseminar ese hecho.

Finalmente, Leah Anne Carroll indicó que desea en un proyecto próximo incluir los resultados de su investigación en algunas regiones del país que quedaron por fuera del texto Democratización violenta, como Carepa y San Alberto.

También le gustaría escribir un texto sobre la experiencia de investigar en zonas de conflicto, pues considera que muchas personas lo ven como un imposible, cuando hay muchas maneras de hacerlo y es importante hacerlo. Además, espera hacer una comparación entre el movimiento para proteger a los afroamericanos de la violencia policial y lo que pueden aprender de los movimientos colombianos, como el uso de herramientas legales, como una manera de aportar a una causa de su país desde su conocimiento latinoamericanista.